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Doce años demostrando que otra forma de ejercer el Trabajo Social es posible

Veravitas nació hace más de 10 años ¿Cómo surgió la idea? ¿Ha evolucionado con respecto a esa ideal inicial?

Sandra Tornero: “este mes de octubre Veravitas cumple 12 años, así que cuando miramos atrás vemos claramente cuánto ha evolucionado el proyecto desde aquella idea inicial.

La vida nos puso en el camino del emprendimiento después de varios años de experiencia profesional. Ambas habíamos trabajado en la empresa privada, concretamente en el sector sociosanitario, que fue precisamente donde nos conocimos. Anahí había desarrollado también parte de su trayectoria en el ámbito público y en el tercer sector.

Durante los años en los que trabajamos juntas no solo compartimos profesión y responsabilidades, sino que también se fue fraguando una amistad. Teníamos intereses y aficiones similares y una forma bastante parecida de entender el Trabajo Social y nuestra manera de ejercerlo.

En aquel momento las dos éramos responsables en un servicio de teleasistencia y llevábamos un ritmo de trabajo muy intenso. Casi al mismo tiempo empezamos a plantearnos que quizá había llegado el momento de buscar otro camino.

Quizá había llegado el momento de buscar otro camino

En mi caso, llevaba algún tiempo dándole vueltas a la posibilidad de emprender. Lo que me frenaba era pensar que toda mi experiencia estaba vinculada al Trabajo Social y que no sabía hacer otra cosa. Hasta que un día me hice una pregunta que terminó cambiándolo todo: «¿Y por qué no emprender precisamente en lo que sé hacer?».

Se lo planteé a Anahí y le pregunté si quería subirse al barco y empezar juntas esta aventura. A partir de ahí comenzamos un proceso de investigación sobre el emprendimiento y el ejercicio libre en Trabajo Social, intentando conocer qué posibilidades existían y cómo podíamos convertir nuestra experiencia profesional en un proyecto propio”

Cuando se habla de Ejercicio Libre, se tiene la falsa imagen que hay una sola profesional, en vuestro caso sois dos ¿cómo gestionáis este binomio? ¿Qué ventaja tiene ser dos personas?

Anahí Rama: “una de las claves de estos doce años ha sido que ambas hemos sabido dejarnos espacio para crecer y desarrollarnos profesionalmente de manera individual. Veravitas es un proyecto común, pero eso no significa que tengamos que hacer siempre lo mismo o recorrer exactamente el mismo camino. Cada una ha podido apostar por aquellos proyectos o líneas de negocio con los que se sentía más identificada, mientras que otros ámbitos los seguimos desarrollando conjuntamente.

Aunque cada una tenga sus propios espacios profesionales, sabemos que contamos con el apoyo de la otra. Y esa es, probablemente, una de las grandes ventajas de emprender siendo dos: tener al lado a alguien que entiende perfectamente lo que supone sacar adelante una empresa, con quien compartir las decisiones, las preocupaciones y también los logros del día a día.

Además, hay algo que con los años hemos aprendido a valorar especialmente: saber que, si en algún momento una de las dos atraviesa una situación personal que requiere mayor atención —por motivos de salud, familiares o por cualquier otra circunstancia—, la empresa no se detiene. Hay otra persona detrás que continúa trabajando y dando lo mejor de sí por las dos. Esa tranquilidad y esa confianza son muy importantes.

Por supuesto, ser dos también plantea retos. No siempre tenemos la misma visión sobre el camino que debe seguir la empresa y hay decisiones en las que es necesario llegar a consensos. Eso nos ha obligado a aprender a escucharnos, negociar y, en ocasiones, también a ceder. Después de doce años hemos aprendido de los éxitos, pero probablemente también mucho de los errores y de aquellos proyectos que no salieron como esperábamos”.

Ofrecéis un amplio abanico de servicios, uno de ellos es para empresas ¿qué es lo que hacéis? 

Sandra Tornero: “Sí. En concreto, esta es una de las líneas de negocio de Veravitas de la que me ocupo directamente yo.

Dentro de nuestra intervención con empresas distinguiría dos ámbitos: el trabajo que realizamos con empresas ordinarias y el que desarrollamos con Centros Especiales de Empleo que, aunque funcionan como empresas, tienen unas características específicas y deben cumplir determinados requisitos legales relacionados con las personas trabajadoras con discapacidad.

Nuestro objetivo es intervenir de manera temprana, antes de que las situaciones se agraven o se cronifiquen

En ambos casos hay un elemento común: la intervención directa con la plantilla. Acompañamos a las personas trabajadoras cuando atraviesan dificultades personales, familiares o sociales de diversa índole que pueden terminar repercutiendo también en el ámbito laboral. Nuestro objetivo es intervenir de manera temprana, antes de que esas situaciones se agraven o se cronifiquen, facilitando los apoyos y recursos necesarios.

En los Centros Especiales de Empleo nuestra intervención adquiere además una dimensión específica. Como trabajadoras sociales desempeñamos un papel fundamental en el proceso de incorporación, adaptación y permanencia de las personas trabajadoras con discapacidad en la empresa, detectando necesidades y articulando los apoyos que puedan precisar.

Es un trabajo necesariamente interdisciplinar, en coordinación con otros perfiles profesionales. Dentro de ese equipo, me gusta decir que el Trabajo Social ejerce en muchas ocasiones como una especie de «dirección de orquesta»: tenemos una visión global de la persona y de su entorno, detectamos las diferentes necesidades y contribuimos a coordinar y orientar las distintas intervenciones para que todas avancen en una misma dirección.

Otro de los servicios destacables, es la innovación social en el ámbito rural. Actualmente actuáis en más de 20 municipios ¿en qué consiste el proyecto y cómo surgió la idea?

Anahí Rama: “esta línea de trabajo tiene mucho que ver con mi propia trayectoria personal. Desde hace años vivo vinculada al medio rural y eso me ha permitido conocer muy de cerca su realidad, sus fortalezas, pero también las dificultades y los retos específicos a los que se enfrentan quienes viven en municipios pequeños.

Cuando comenzamos con Veravitas, hace ya casi doce años, la realidad era bastante diferente a la actual. Durante este tiempo he podido observar una evolución importante en muchos municipios y también una mayor conciencia sobre la necesidad de generar oportunidades, servicios y proyectos que permitan mejorar la calidad de vida de la población y contribuir a que las personas puedan permanecer en sus territorios. Se ha avanzado mucho, pero todavía queda camino por recorrer.

Nuestra forma de entender la innovación social en el ámbito rural parte precisamente de ahí. No se trata de llegar a los municipios con soluciones diseñadas desde fuera, sino de conocer cada territorio, escuchar a las personas que viven en él, detectar sus necesidades y también sus potencialidades y, a partir de ellas, impulsar proyectos que puedan generar oportunidades y dar respuesta a problemas concretos.

Creemos que es necesario seguir impulsando proyectos que generen espacios de escucha y participación, especialmente con las mujeres, que continúan encontrando mayores dificultades para acceder al empleo en las zonas rurales.

Recuerdo con especial cariño una experiencia que refleja muy bien esta forma de trabajar. Comenzamos con un pequeño proyecto de formación en alfarería dirigido a mujeres y, a partir de ahí, la idea fue creciendo. Fueron las propias participantes quienes dieron un paso más hasta constituir una cooperativa, a la que posteriormente fueron incorporando nuevos productos y ampliando su actividad. Acompañar todo aquel proceso y ver cómo una iniciativa pequeña podía crecer hasta convertirse en un proyecto propio y con continuidad fue muy gratificante.

Creo que ese ejemplo resume bastante bien lo que buscamos: escuchar, acompañar y generar las condiciones para que sean las propias personas del territorio quienes construyan sus oportunidades”

Actualmente están surgiendo muchos servicios de peritaje social, vosotras que lleváis años en este ámbito, ¿por qué creéis que hay este boom? ¿qué se necesita para realizar un correcto peritaje de Trabajo Social (creemos mejor hablar de peritaje social y no informe pericial social, que genera confusión?

Anahí Rama: “creemos que este crecimiento responde, en parte, a que el peritaje social está ganando visibilidad y reconocimiento dentro del ámbito jurídico. Cada vez más profesionales del Derecho entienden que hay daños y circunstancias que no pueden explicarse únicamente desde una perspectiva médica, psicológica o económica. Hay situaciones en las que es necesario analizar cómo un hecho ha afectado realmente a la vida cotidiana de una persona: su autonomía, sus relaciones familiares, sus apoyos, su situación económica, su participación social o su proyecto vital. Ahí es donde el Trabajo Social puede aportar un conocimiento especializado.

Hay que diferenciar entre ofrecer un servicio de peritaje social y estar verdaderamente preparado para ejercer como perito

También influye que, en los últimos años, se está hablando mucho más del ejercicio libre de la profesión y eso ha hecho que más trabajadoras y trabajadores sociales se interesen por el ámbito pericial. Nos parece positivo que el campo crezca, pero también creemos que hay que diferenciar entre ofrecer un servicio de peritaje social y estar verdaderamente preparado para ejercer como perito.

Un correcto dictamen pericial social exige mucho más que saber realizar una entrevista o redactar un documento. Se necesita formación específica en peritaje, conocimiento del procedimiento judicial, capacidad para delimitar correctamente el objeto de la pericia, manejar metodología propia del Trabajo Social, seleccionar técnicas e instrumentos adecuados y, sobre todo, saber fundamentar técnicamente cada conclusión.

Además, una pericial debe ser objetiva, rigurosa, trazable y comprensible para el órgano judicial. Hay que distinguir claramente entre hechos, información aportada por las personas evaluadas, documentación analizada, observaciones profesionales y conclusiones técnicas. No se trata de defender a la parte que te contrata, sino de responder con independencia al objeto pericial planteado. Como les digo a mis clientes, «se me paga por hacer un trabajo técnico que lleve a conclusiones técnicas; mi opinión, no se compra».

Y hay otra cuestión que consideramos fundamental: la ratificación. El trabajo no termina cuando se entrega la pericial. Una o un perito debe estar preparado para explicar su metodología, justificar sus conclusiones y responder a las preguntas de abogados/as, fiscales o del propio tribunal. Por eso siempre decimos que el peritaje social exige formación, experiencia profesional, conocimiento jurídico y mucha responsabilidad ética. El crecimiento del sector es una buena noticia, siempre que vaya acompañado de especialización y rigor”.

Emprender a veces es difícil, en vuestro caso sois dos, pero ¿qué os aporta ATSEL?

Sandra Tornero: “aunque nosotras tenemos la suerte de ser dos y de poder apoyarnos mutuamente, emprender sigue teniendo momentos en los que puedes sentirte bastante sola. Hay decisiones, dificultades e incertidumbres propias del ejercicio libre que no siempre son fáciles de compartir con profesionales que desarrollan su actividad en otros ámbitos.

En ese sentido, ATSEL nos aporta algo que consideramos fundamental: red. Nos permite encontrarnos con compañeras y compañeros que conocen de primera mano lo que significa ejercer el Trabajo Social por cuenta propia, compartir experiencias, plantear dudas y aprender de otras formas de desarrollar la profesión.

Aunque cada profesional esté construyendo su propio proyecto, formamos parte de una red

También nos parece especialmente valioso poder conocer a profesionales que están abriendo líneas de trabajo diferentes. El ejercicio libre tiene muchísimas posibilidades y encontrarte con personas que están innovando, creando servicios y generando nuevos espacios para el Trabajo Social te ayuda también a ampliar tu propia mirada.

Y, después de tantos años emprendiendo, hemos aprendido que tener experiencia no significa tener todas las respuestas. Seguimos encontrándonos con nuevos retos y seguimos necesitando aprender de otras personas. Para nosotras, ATSEL es precisamente ese espacio donde compartir conocimiento, generar alianzas y sentir que, aunque cada profesional esté construyendo su propio proyecto, formamos parte de una red que está contribuyendo a hacer más visible y a consolidar el ejercicio libre del Trabajo Social”.

Cada vez más personas se plantean emprender ¿qué consejo les ofrecéis?

Sandra Tornero: “que no tengan miedo a equivocarse. Emprender también consiste en probar, aprender de lo que no funciona y volver a intentarlo. Y, sobre todo, que sean flexibles: a veces empezamos pensando que vamos a ofrecer unos determinados servicios y es la propia realidad la que nos va mostrando dónde están las necesidades y las oportunidades”.

Anahí Rama: “mi consejo para quienes quieran emprender en Trabajo Social es que mantengan siempre la curiosidad y la disposición para seguir aprendiendo. Emprender exige formación continua, iniciativa y capacidad para buscar nuevas posibilidades. También les diría que no acepten un «no» como una respuesta definitiva: muchas veces significa que debemos explorar otro camino, reformular la propuesta o encontrar una alternativa. Y, sobre todo, que no se conformen, que revisen constantemente su trabajo y mantengan siempre el compromiso con la excelencia, tanto profesional como ética, porque en Trabajo Social no solo importa lo que hacemos, sino también cómo y desde qué valores lo hacemos”.