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Violencia de género en nuestro contexto. Reflexiones desde el Ejercicio Libre

En este nuevo artículo mensual dirigimos la mirada hacia la violencia de género. Ana María González Ortiz profesional en ejercicio libre de Badajoz, reflexiona sobre el abordaje de este complejo fenómeno desde el ejercicio libre del Trabajo Social. En un mes especialmente significativo contra esta problemática, ATSEL aporta esta nueva entrada para dar un poco de luz sobre nuestra intervención en este tipo de situaciones.

 

Artículo

 

Dentro de unos días, el próximo 25 de Noviembre, se conmemora el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Veremos multitud de actos y acciones en nuestros país y en todo el mundo, como cada año desde que en 1999 la Asamblea General de la ONU en su resolución 54/134 invitara a los estados y las organizaciones sociales e internacionales  a desarrollar una jornada de reivindicación contra las violencias de género hacia las mujeres y las niñas, siguiendo al  movimiento feminista latinoamericano  que  desde 1981 venía conmemorando esa fecha, en honor a las tres hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa) asesinadas en República Dominicana en 1960.

 

La violencia contra las mujeres y las niñas es una violación de los Derechos Humanos y así lo reconoció Naciones Unidas, desde fechas tan recientes como la de 1993 y en el Convenio de Estambul en 2011, ratificado por España en 2014, y cuyo grado de cumplimiento por parte del gobierno español, será objeto de evaluación el próximo año.  Es importante destacar que, el Convenio de Estambul ,es el  primer instrumento de carácter vinculante en el ámbito europeo en materia de violencia contra la mujer y violencia doméstica, que reconoce diferentes formas de violencia de género como  la violencia física, psicológica y sexual, incluida la violación; la mutilación genital femenina, el matrimonio forzado, el acoso, el aborto forzado y la esterilización forzada. Esto implica que los Estados deberán introducir en sus sistemas jurídicos estos delitos.

 

Hasta la fecha en la que escribo este artículo (13/11/18), en España han sido asesinadas, 43 mujeres, según cifras oficiales, de ellas 2 eran niñas pequeñas y 1 niño  y un caso está en investigación. En total desde el 1 de enero de 2003, 971 mujeres han sido asesinadas por Violencia de Género y 27 menores desde 2013, fecha desde la que se registran oficialmente los datos.

 

Pero los asesinatos de mujeres y de sus hijas e hijos, a manos de hombres que habían mantenido, o tenían en el momento del asesinato, una relación afectiva con la víctima, ó los asesinatos y agresiones sexuales a mujeres en nuestros pueblos y ciudades,   son sólo la punta de un enorme iceberg  que está  lleno de víctimas  y también de sobrevivientes de diversas manifestaciones de Violencias de género. Es una violencia que se ejercen a diario en todos los niveles de nuestra sociedad y en todos los ámbitos, aunque de forma más  numerosa en el ámbito privado  – y por ello es más difícil de detectar- y se caracteriza, porque la sufrimos las mujeres, mayoritariamente,  por el hecho de ser mujeres.

Podemos seguir creyendo que las víctimas de violencia de género son “otras mujeres”, podemos seguir pensando que hay un “perfil” de mujeres víctimas, podemos seguir imaginando un mundo en el que “ eso que sale en las noticias sobre asesinatos de mujeres a manos de sus“ “seres queridos”, parejas, novios, amantes, proxenetas,  o la violencia sexual contra las mujeres en nuestros pueblos, es un tema que no nos incumbe o que es de “ otro tipo de sociedades y de personas”…pero desgraciadamente, los datos con los que contamos – y no tenemos todos los necesarios – nos hablan de una realidad difícil de asumir en un País  que está celebrando el 40 aniversario de su Constitución y de su vida en democracia.

 

Por señalar algunas cifras, el  12,5%  de las mujeres residentes en España de 16 o más años, hemos sufrido violencia física y/o violencia sexual de nuestras parejas o exparejas, en algún momento de nuestra vida[i]. Un estudio[ii] sobre violencia de género contra las mujeres realizado en todos los países de la unión europea, desvela que una de cada tres europeas, hemos sufrido violencia física o sexual desde los 15 años, un total de  62 millones de mujeres.  Y en nuestro país,  cuando nos reunimos en el mercado, en la oficina, en las aulas o en cualquier espacio público o privado y hay más de 7 mujeres, sabemos que una de ellas, una de nosotras, ha sido una mujer que sufre o ha sufrido VG por parte de su pareja o expareja y 1 de cada 3 algún tipo de violencia de género en su vida. Y lo que es más grave, un alto porcentaje, no es consciente de que el trato que recibe o ha recibido es violencia de género… sobre todo sucede entre las mujeres mayores de nuestro país y del ámbito rural. Y una mujer no es consciente de la violencia sufrida, porque el modelo de género en que está sustentada su vida, los estereotipos machistas y la cultura de la violencia no la dejan verlo , pero en muchas  ocasiones es el cuerpo el que muestra esta experiencia vital de la violencia normalizada…y de este modo, encontramos multitud de sintomatología que nos relatan las mujeres, sin causa orgánica clara, y que están relacionadas con una prolongada exposición a diferentes formas de violencia de género en su ámbito sobre todo privado, pero también laboral.

 

Ante esta basta y “profunda” realidad, las trabajadoras y trabajadores sociales nos encontramos, tanto desde lo servicios públicos como desde el ejercicio libre, con multitud de lagunas metodológicas y marcos teóricos adecuados para abordar la gran cantidad de casos de mujeres y menores que nos llegan con frecuencia, y que en muchos casos, llegan por otros motivos y  no por razón de violencia de género.

 

La definición internacional de trabajo social, nos dá algunas de  las claves que orientan nuestro abordaje de las Violencias de género, contra las mujeres y las niñas y los niños. Al  menos desde Mujeres Libres, la organización desde la que desarrollo mi profesión de Trabajadora Social en el ejercicio libre. Y así tenemos que el trabajo social es una profesión que promueve el cambio y el desarrollo social; y que se sustenta en los principios de la justicia social  y de los derechos humanos, la responsabilidad colectiva y el respeto a la diversidad; que involucra a las personas y las estructuras para hacer frente a los desafíos de la vida comprometido con el bienestar de las personas; que aborda barreras estructurales y personales y promueve el fortalecimiento  y liberación de las personas; y tiene el deber de cuestionar las estructuras que contribuyen a la marginación , la exclusión social y la opresión (III)[iii]

 

El trabajo social en el abordaje de las violencias de género, tal como nosotras lo abordamos desde el ejercicio libre, nos ha permitido, aunar las claves señaladas del Trabajo Social y los principios de nuestro código deontológico con un enfoque, desde mi experiencia, imprescindible tanto para las acciones de prevención como para el tratamiento y, en su caso, posterior acompañamiento a los casos de víctimas de violencia de género y de los menores que les acompañan. Me refiero al enfoque de género feminista, que implica realizar los diagnósticos, los informes sociales,  y en su caso, los tratamientos y acompañamiento  a las mujeres víctimas y a los menores, utilizando las herramientas del análisis de género y que implica  un abordaje desde la ética del Cuidado, desde el análisis de las causas estructurales de la violencia machista contra las mujeres y desde la orientación psicoanalítica lacaniana, de la escucha desde la palabra y desde el cuerpo del sujeto.  En ese sentido, nos ayuda el enfoque de género y ayuda a las víctimas-sobrevivientes, a la reinterpretación de la realidad de las relaciones de género, desde el sometimiento de la persona a una construcción identitaria cargada de mandatos sobre su género que han sido incorporados a lo largo del proceso de socialización y que han naturalizado, a través de la propia experiencia subjetiva, la violencia contra ellas. En una cultura que naturaliza la violencia contra las mujeres y contra el imaginario social de “lo femenino”. Además desde el enfoque de género y la ética del cuidado, ponemos especial atención al momento vital y personal, en el que se encuentran las mujeres cuando llegan a nuestra consulta.

 

En este sentido, la aprobación del Real Decreto-ley 9/2018, de 3 de agosto, de medidas urgentes para el desarrollo del Pacto de Estado contra la violencia de género y en palabras de la presidenta  de la Asociación de Mujeres Juristas, María Ángeles Jaime de Pablo,  es esencial porque “con esta norma no se merman los derechos de la persona investigada y a las víctimas no puedes hacerlas depender de haber denunciado como pasa actualmente”. Explica que, si no se hace así, se excluye de los recursos existentes a las víctimas, limitando su recuperación a las mujeres que no están en condiciones de comenzar un proceso judicial. Entre ellos, la asistencia terapéutica o la reinserción en el mercado laboral.

 

Nuestra labor desde el trabajo social y muy especialmente desde el ejercicio libre, requiere de un especial compromiso con los principios de nuestro código deontológico, la ética del Cuidado y el enfoque de género, si queremos avanzar de forma eficaz en la prevención y erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres. Todo ello en coordinación con los servicios y recursos públicos y con otros equipos profesionales, que desde el ejercicio libre seguimos complementando desde un marco de calidad y evaluación continúas

 

Referencias:

[i] (I) Macroencuesta sobre Violencia de género en España, 2015

[ii] (II) Estudio sobre violencia de género contra las mujeres realizado en todos los países de la unión europea, por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea

[iii] (III) Definición Mundial de Trabajo Social- Federación Internacional de Trabajo Social