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Trabajo social y conductas adictivas

 

Nuevo año, nuevo artículo de #ATSELblog. En este caso la entrada la redacta nuestra socia Mª Eugenia Sánches Robres. Ella es trabajadora social de Valencia a través de su empresa Vivirte, especializada en terapia y crecimiento personal. En este artículo nos muestra las claves para el acompañamiento social en adicciones:

 

Algunos aspectos a tener en cuenta en el acompañamiento del /de la trabajador/a social en los diferentes niveles de intervención en conductas adictivas

 

Me gustaría empezar definiendo que entendemos por drogodependencias y trastornos adictivos y visibilizando el marco normativo que justifica la intervención interdisciplinar dentro del ámbito de atención de las conductas adictivas.

 

En el Decreto Legislativo 1/2003, de 1 de abril, del Consell, por el que se aprobó el Texto Refundido de la Ley sobre Drogodependencias y Otros Trastornos Adictivos, se definen las drogodependencias y los otros trastornos adictivos, “…como enfermedades comunes con repercusiones en las esferas biológica, psicológica y social de la persona.”. En este mismo decreto, en su artículo 2.2, se define el trastorno adictivo como “el patrón desadaptativo de comportamiento que provoca una dependencia psíquica, física o de ambos tipos, a una sustancia o conducta determinada, repercutiendo negativamente en las esferas psicológica, física y/o social de la persona y su entorno.”

 

Por lo tanto, estamos ante una definición que integra una mirada holística del Ser Humano, un ser individual que forma parte de un entorno social al que influye y por el que es influido.

 

En este sentido ya Mary Richmond (1861-1928) cuando habla de “Social Work” plantea, que el Trabajo Social individual debe realizarse con la mirada puesta en el individuo, sin olvidar la importancia del contexto donde éste se desenvuelve. Establece que la ayuda a las personas no sólo viene del Trabajo Social, sino de “recursos naturales”, es decir, amigos, familia, vecinos, etc…

 

El/La trabajador/a social, especializado en el ámbito de drogodependencias y otras conductas adictivas, realiza su actividad profesional enmarcadas en los cuatro ámbitos de intervención:

 

ð       Prevención.

ð       Tratamiento,

ð       Reinserción

ð       Reducción de daños.

 

En la guía de “Intervención del trabajo social sanitario elaborada en 2012 en la que se concreta la intervención del/ de la trabajador/a social en centros y unidades de prevención y tratamiento en drogodependencias y otras conductas adictivas”, de la Agencia Valenciana de Salud elaborada en 2012, observamos que los objetivos específicos del/de la trabajador/a en el trabajo en conductas adictivas son:

 

ð       Atender las necesidades sociales que confluyen a lo largo del proceso de desintoxicación, deshabituación, rehabilitación y reinserción en su medio y potenciado su autonomía personal y facilitando una evolución favorable.

 

ð       Motivar cambios en el estilo de vida hacia conductas más saludables y compatibles con la reinserción y el mantenimiento del proceso terapéutico al alta.

 

ð       Acompañar en la incorporación al medio familiar, social, laboral y comunitario, que le permita continuar su proceso de integración y de mantenimiento de los cambios adquiridos de forma autónoma

 

ð       Facilitar la colaboración y coordinación con los/las órganos jurisdiccionales competentes, agentes policiales y la red asistencial en drogodependencias.

 

Estos objetivos serán llevados a cabo por el/la trabajador/a social a través de diferentes niveles de intervención que se interrelacionan entre ellos a lo largo de todo proceso terapéutico:

 

ð       Nivel individual

ð       Nivel familiar

ð       Nivel grupal

ð       Nivel comunitario

 

La característica fundamental del Trabajo Social a nivel individual es la especificidad en la intervención, es decir, cada individuo es único y por lo tanto, la intervención del/la trabajador/a social debe ser personalizada, flexible y adaptada a cada situación particular.

 

Nuestra intervención irá dirigida a fomentar en el /la paciente una actitud de responsabilidad, es decir, será tratado como persona activa en su proceso de tratamiento, responsabilizándose del mismo, tanto en la definición de los objetivos como en la forma de llevarlos a cabo. Por este motivo, las decisiones terapéuticas serán consensuadas entre el/la profesional y el/la paciente, respetando las prioridades y ritmos de este último, sin perder de vista la motivación al cambio y los objetivos terapéuticos marcados entre ambos.

 

Tras mi experiencia durante estos años acompañando a personas y por mi formación en Terapia Gestalt Integrativa, considero que algo básico y fundamental durante las primeras sesiones es establecer un vínculo sano. Crear un ambiente acogedor y un espacio de sostén que permita que la persona pueda abrirse y mostrarse, creando de un clima de confianza y confidencialidad óptimo para que el/la paciente pueda mostrarse en un ambiente seguro y empático.

 

Una de las entrevistas más utilizadas en el trabajo en drogodependencias y otras conductas adictivas, es la entrevista motivacional. Parte de los principios de la psicología cognitivo-comportamental, la psicoterapia humanista de Carl Rogers y el modelo transteórico del cambio de Prochaska y DiClemente. La EM es una aproximación de guía colaborativa y centrada en el cliente, para evocar y fortalecer la motivación hacia el cambio.

 

En este sentido, es fundamental hacer una evaluación inicial que permita determinar el grado de motivación al cambio que presenta el paciente, el tipo de consumo, valorar el estadio de motivación en el que está, conocer su historia de consumo… para poder establecer las necesidades y los objetivos que van a vertebrar su Plan de Intervención Terapéutico.

 

De la intervención a nivel grupal destacar que el/la trabajador/a social realiza grupos de autoapoyo terapéuticos con pacientes con objetivos diversos, como, por ejemplo: fomentar el trabajo en equipo, potenciar la consecución de pautas sociales adaptativas, educar en hábitos de vida saludables, desarrollar de habilidades sociales, prevenir recaídas, orientar en la búsqueda de empleo, facilitar e informar de ocio y tiempo libre y aquellas otras actividades para cuyo desarrollo se determina la intervención grupal como técnica más eficaz.

 

A nivel familiar podemos realizar orientación a familiares de pacientes con problemas de adicciones, utilizando las herramientas aportadas por el modelo sistémico. Esta orientación se puede hacer a nivel individual o a nivel grupal permitiendo ofrecer: orientación familiar sobre pautas de apoyo al tratamiento, orientación familiar para la motivación del paciente con negación de su problema adictivo, generar una red de apoyo entre familiares…

 

En el nivel comunitario, podemos llevar a cabo acciones en los diferentes ámbitos de intervención, encaminadas a la prevención, deshabituación, reinserción y reducción de daños, dirigido a los diferentes grupos sociales de pertenencia (familia, amigos, barrio, municipio, etc.) y en los contextos sociales en los cuales concurre el consumo de sustancias. Todas nuestras acciones se llevarán a cabo teniendo en cuenta el trabajo en red, coordinándonos y colaborando con otros/as profesionales sociosanitarios para optimizar los recursos existentes en el sistema sanitario y social, con el objeto de dar una respuesta integral a las necesidades sociosanitarias que presentan las personas que padecen dependencia a las drogas o a otras sustancias adictivas.

 

En conclusión, el /la trabajado/a especializado en conductas adictivas tendrá en cuenta la importancia de contacto, generando un espacio de sostén y de escucha empática. Realizará una evaluación inicial utilizando las herramientas básicas del trabajo social y teniendo en cuenta otros modelos y técnicas que puedan sumar a su intervención. Efectuará su intervención en diferentes niveles de actuación, trabajando tanto con la persona como con la familia, siempre que sea posible y promoverá y facilitará el trabajo en red con otros/as profesionales implicados.